Escribí este cuento para un “concurso” de cuentos. Solo gané la satisfacción de escribirlo. Y que alguien más lo haya leído. Aunque sea para decir: “Esa perra mamada qué? Jajaja
Estoy cansado de caminar por este páramo olvidado. He recurrido a tanta gente pero nadie parece estar interesado. Nadie quiere quitarme de encima esta maldición que yo mismo me busqué. Maldigo el día que mi curiosidad me llevó a esto.
¿No queda nadie en este mundo que quiera ayudarme a recordar?
Nadie recuerda el mundo que solíamos tener. Estos caminos cubiertos de maleza que alguna vez surcaron los coches. Aquellas montañas de acero y concreto que ahora se derrumban en pedazos.
A nadie le importan ya las máquinas que dejaron de existir. Los medicamentos que no sabemos recrear. Lo que antes entretenía a multitudes enteras.
¿Acaso nadie se da cuenta? ¡Si no cuento estas historias del mundo que tuvimos, el mundo morirá por segunda vez!
¡Lo único que les importa es sobrevivir! Dejarme a solas con esta maldición.
Las historias no contadas son carnívoras.
Se están comiendo mi espíritu, mi alma, mi cuerpo.
No puedo seguir más. El pasado del mundo pesa demasiado.
Si ya a nadie le interesan las historias del pasado, espero que les interese mi historia. Espero que, cuando encuentren esta nota sobre mi cuerpo, se interesen al menos por mí.
Tal vez nunca fueron sus oídos lo que necesitaba, sino mis propias palabras. Mi historia es la última y también la primera.
Si alguien lee esta nota, sabrá que hubo un mundo antes del suyo. Y si nadie la lee, igual existió. Supongo que con eso me basta.
