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El monstruo ya no está bajo la cama

Últimamente he escuchado y leído a mucha gente decir que el género del terror “revivió”. Como si hubiera muerto en algún momento.

  • Yo no estoy de acuerdo.

Desde mi punto de vista, el cine de terror nunca murió. Simplemente evolucionó. Se adaptó a una sociedad diferente y a miedos diferentes.

Porque si algo ha hecho bien el terror a lo largo de su historia es reflejar aquello que nos inquieta como sociedad.

  • Y también aquello que nos inquieta como individuos.

Después de todo, lo que te asustaba a los diez años no es lo mismo que te asusta hoy.

  • A mis seis años me asustaba Chucky.
  • A los doce me asustaba Pennywise.
  • Hoy me da más miedo el SAT.

Y creo que ahí está una de las claves para entender por qué el terror ha cambiado.

Cuando el monstruo era suficiente

El terror que llegó a las masas nació alrededor de los monstruos.

  • Drácula. Frankenstein. Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Lo aterrador no era solamente la criatura, sino todo lo que existía alrededor de ella. La leyenda, el misterio y la sensación de que algo imposible podría estar ocultándose entre nosotros.

Era un miedo muy sencillo de entender. El monstruo estaba ahí. Tenía rostro, nombre, colmillos y con eso bastaba.

Todavía hoy quedan rastros de ese miedo.

  • ¿Aún corres un poco más rápido después de apagar la luz?
  • ¿Evitas mirar hacia un rincón oscuro porque una parte irracional de tu cerebro está convencida de que hay algo observándote?

Ese miedo sigue funcionando porque apela a algo muy primitivo: el miedo a lo desconocido.

El terror también crece contigo

Con el paso del tiempo los monstruos cambiaron. O tal vez los que cambiamos fuimos nosotros. Porque mientras crecemos, nuestros miedos también evolucionan. De niños tememos a lo que está debajo de la cama. De adultos empezamos a preocuparnos por cosas mucho más abstractas.

  • La pérdida de control, la obsesión, la soledad y la identidad.

Y creo que buena parte del cine de terror moderno ha entendido eso perfectamente.

El Conjuro y el arte del sobresalto

Antes de continuar, necesito aclarar algo. Me gusta El Conjuro. Y me gusta mucho James Wan.

  • He visto gran parte de su filmografía y creo que es uno de los directores que mejor entiende cómo construir tensión.

Pero también creo que representa una forma muy específica de hacer terror.

La cámara avanza lentamente por un pasillo. La música desaparece. El personaje mira hacia un rincón vacío. Y de repente…¡BAM!

Aparece algo acompañado de un golpe de sonido diseñado para reiniciar tu sistema nervioso.

Eso es un jumpscare.

Y James Wan probablemente es uno de los mejores utilizándolo. Incluso cuando sabes que viene, cuando estás preparado, cuando llevas media película esperando exactamente ese momento.El tipo consigue asustarte.

  • Y eso tiene muchísimo mérito.

Mi problema no es el recurso. Mi problema es cuando el recurso se convierte en toda la película. Porque eventualmente la fórmula se vuelve predecible. Y aun así funciona, pero es algo frustrante.

La gente sigue pagando por verla. Los estudios siguen produciendo secuelas. Los jumpscares venden y todos lo saben. No tiene nada de malo. Sigue siendo una forma distinta de provocar miedo.

“No existen buenas películas de terror sin jumpscares”

No hables mierdas, mi amigo.

  • The Babadook
  • It Follows
  • The Blair Witch Project
  • Halloween
  • Hereditary

Todas ellas consiguen generar miedo sin depender constantemente del sobresalto. Porque entienden algo importante: La tensión puede ser mucho más poderosa que la sorpresa.

Obsession y el miedo a perderse a uno mismo

Aquí es donde entra Obsession.

La película sí utiliza jumpscares. Pero los utiliza con moderación. Hay escenas enteras construidas para convencerte de que el susto está a punto de ocurrir. Te preparas. Aprietas los dientes. Esperas el golpe de sonido… no pasa nada.

Eso demuestra que Curry Barker entiende perfectamente el lenguaje del terror. Porque sabe que la expectativa puede ser tan efectiva como el propio sobresalto. Pero lo más interesante de Obsession es que el miedo real no proviene de sus elementos sobrenaturales. Proviene de algo mucho más incómodo.

  • ¿Qué ocurre cuando el amor deja de ser amor y se convierte en posesión?

El verdadero monstruo de la película no vive debajo de la cama. Ni dentro del clóset. Ni detrás de una puerta. Es alguien incapaz de aceptar un “no”.

Backrooms y los monstruos modernos

Y luego está Backrooms que prácticamente juega en otra división.

Aquí casi no importan los personajes. Tampoco importa demasiado la historia. Lo que importa es el espacio.

  • Pasillos interminables. Oficinas vacías. Luces fluorescentes. Alfombras amarillas. La sensación constante de estar perdido.

Backrooms nació en internet, pero conecta con una ansiedad sorprendentemente moderna.

La sensación de estar atrapado en un lugar que no entiendes. Sin contexto. Sin propósito. Sin salida. Y tal vez aquí es donde vuelve a aparecer esa relación entre el terror y la sociedad.

Porque para mí Backrooms siempre ha tenido algo de pesadilla corporativa.

  • Quizá sea mi sesgo de godín.

Pero me resulta imposible no pensar en oficinas interminables, cubículos idénticos y jornadas laborales que parecen no terminar nunca.

Muy similar a lo que está viviendo Japón con su tasa alta de suicidios en grupos de Salaryman.

El monstruo ya no está bajo la cama

Por eso creo que el terror nunca murió. Simplemente cambió junto con nosotros.

El cine clásico nos asustaba con monstruos visibles. El terror comercial moderno perfeccionó el arte del sobresalto.

Y una nueva generación de historias parece mucho más interesada en explorar miedos psicológicos: la obsesión, la pérdida de identidad, la soledad o la sensación de que algo está mal aunque no podamos explicar exactamente qué.

  • Quizá por eso muchas personas dicen que ya no les dan miedo las películas de terror.

Tal vez el problema no es que el género haya perdido fuerza. Tal vez seguimos buscando fantasmas cuando los nuevos monstruos son mucho más abstractos.

Porque un demonio puede desaparecer cuando se enciende la luz. Pero la idea de perder el control sobre tu propia vida o caminar eternamente por un lugar que no entiendes, puede resultar mucho más aterrador que cualquier cosa escondida debajo de la cama, y puede acompañarte por el resto de tu vida.

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